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viernes, 4 de agosto de 2017

Consenso a palos, año uno

http://larepublica.pe/politica/1066842-consenso-a-palos-ano-uno
La República
La mitadmasuno
28 de julio de 2017
Juan De la Puente
El año pasado el país votó por una inédita gobernabilidad: el grupo que perdió las elecciones se quedó con el 56% de escaños del Congreso, más allá de la mayoría absoluta, y el que ganó el gobierno, con el 13%. Había otra originalidad: el resultado fue estrecho y gracias a la épica antifujimorista impulsada esencialmente por los simpatizantes de la candidatura que obtuvo el tercer lugar en la primera vuelta.
Lo que tenemos al frente es un gobierno dividido que nuestra academia considera un mal resultado, quizás solo basada en la experiencia mexicana de finales de los años 90 o la ecuatoriana previa a Rafael Correa. Otras experiencias, como algunos de los recientes periodos norteamericanos, no han sido necesariamente negativas.
La gobernabilidad de los primeros meses fue un cuaderno en blanco escrito día a día y a varias manos, sobre todo de la prensa y la opinión pública, que presionaron por el consenso, la investidura del gabinete y la delegación de facultades.
El primer resultado de esta experiencia es que nuestro gobierno dividido es al mismo tiempo pobre y excluyente, débil frente a una sociedad crecientemente crítica, y por lo tanto un gobierno dividido y desgastado.
No debemos ilusionarnos con el vestuario de la escena. Es llamativa y sobreactuada, con tensiones, amenazas, dislates y escándalos, que hacen de esta etapa un consenso a palos. Lo que tenemos al frente es no obstante un modelo casi acabado de in/gobernabilidad ya conocida, cuya esencia podrá cambiar poco y que será el atributo de un sistema que no se rompe aunque se descosa un poco en cada coyuntura. Ya no podemos decir como en agosto pasado que sabemos lo que está muriendo pero no lo que está naciendo.
El segundo resultado es que fuera del vestuario, el año uno del consenso a palos tuvo más colaboración entre poderes que confrontación, un continuo del que podríamos exceptuar el último período abril-junio con varias crisis mucho tiempo abiertas, cerradas también a dos manos por el Gobierno y el Congreso, pero que le hizo perder a PPK entre 10 y 12 puntos de aprobación y nada a Keiko. Primera lección: las largas crisis en un gobierno dividido desgastan más a un Ejecutivo débil.
El tercer resultado, precisando que no me encuentro entre quienes creen que el propósito de Fuerza Popular es derrocar a PPK, es que los incentivos para no hacerlo son mayores, precisamente porque el gobierno dividido made in Perú tiene al fujimorismo por ahora con grandes opciones para hacerse del poder en las urnas el 2021. Ello no implica reconocer que, como le pasa a PPK en el Gobierno, el fujimorismo no sabe qué hacer con su mayoría.
El cuarto resultado de esta experiencia consiste en que si los actores se conocen más, es porque han disputado y concertado, tomado y entregado –y derrotados algunas veces– olvidando gran parte de sus promesas. Casi todo ha sido dejado en el camino, la reforma política, la mayoría de cambios institucionales para luchar contra la corrupción y la creación de ministerios, entre otros. No debe obviarse en el balance que la opinión pública respalda en cuotas altas el control político parlamentario (los tres últimos sondeos de GfK) y no comulga mucho con la tesis del obstruccionismo, pero no es menos cierto que el fujimorismo no ha cumplido su promesa de convertir su plan de gobierno en un programa parlamentario.

De cara al segundo año, el principal riesgo del consenso a palos es que se transforme en un bipartidismo imperfecto, que intente reducir la gobernabilidad a dos fuerzas, obviando a las otras y excluyendo a la sociedad. Si esto sucede, estas fuerzas resurgirán tarde o temprano. Por ahora reclaman su pedazo de diálogo, pero mañana podrán hacer uso de su pedazo de calle. Rotos los equilibrios del período 2001-2016, el país no parece polarizado sino fragmentado, con fuerzas que pugnan por “achicar” arriba el espacio público, un espacio enano que compite con una agenda pública frondosa. Sin cambios, el sistema político puede seguir suspendido en el aire por un buen tiempo.

miércoles, 2 de noviembre de 2016

Los 100 días de PPK; o porqué sufren los poderes

Por Juan De la Puente
La reciente encuesta de GFK (30 de octubre) como la anterior de IPSOS (16 de octubre) revela la caída de la aprobación de los políticos en el poder o fuera de él  y de las instituciones. Por esa razón no se puede analizar los 100 días de PPK olvidando las cifras y reiterando las visiones de un escenario convencional, olvidando la excepcionalidad de la actual gobernabilidad peruana. Aquí algunas reflexiones
 
1.-  El escenario que dibujan las encuestas no es plano. Algunos análisis muy básicos leídos estos días incurren a mi juicio en por lo menos tres errores: 1) en el balance de los 100 días pretenden segmentar la opinión pública asumiendo que determinados fenómenos (como el caso Moreno o el caso Vilcatoma, por citar dos ejemplos) impactan solo en un sector político o institución; 2) asumen que se ha formado el escenario tradicional peruano de caída de la aprobación del poder, explicado solo por los errores cometidos y por el incumplimiento de las ofertas electorales; y 3) establecen patrones ideológicos “anti” para explicar los resultados, sea porque PPK se “fujimorizó”, porque el fujimorismo no cambió, porque el gobierno se ha corrido a la derecha, o porque fue abandonado por los caviares que lo respaldaron en la segunda vuelta.
2.- Por fortuna, el escenario es menos plano que nunca. En la encuesta de GFK se confirma que la aceptación del gobierno reproduce las brechas sociales y territoriales ya conocidas y se expresa a través de mayores grados de tolerancia o desconfianza ciudadana. PPK ha caído a una aprobación de 52% pero mantiene el 70% en los sectores A/B y cae aún más en  los sectores D/E a 48%. Esta aprobación es mayor en el centro y oriente del Perú, de 61% y 63% respectivamente, y el mismo tiempo, Lima refleja un clima político especial, donde la aprobación es menor (47%) y la desaprobación es mayor (35%). Allí se condensa la desconfianza.
3.- No hemos olvidado las elecciones. Por otro lado, a pesar de que los ciudadanos demandan la unidad y el cese de las disputas partidarias, las tensiones electorales parecen no haberse diluido. Los votantes de Keiko Fujimori perdieron la paciencia con PPK y por esta razón solo el 32% lo aprueba y el 52% lo desaprueba. En cambio, los votantes de  PPK resisten: lo aprueba el 77% y solo el 12% lo desaprueba.
Si nos atenemos a las encuestas de julio, agosto y setiembre parecía que el país había pasado la página en tanto que los ciudadanos premiaban a todos por su moderación y cooperación. Este temperamento se evidencia precario como el de los políticos y solo se puede explicar por la re-emergencia de la desconfianza o las expectativas urgentes que no han recibido una inyección de optimismo.
4.- Todos bajan. En efecto, el Poder Judicial es solo de 13% y su desaprobación se acerca al 70%. El Congreso pierde 12 puntos de respaldo (de 39% a 27%.)  y su presidenta, Luz Salgado, baja ocho puntos, (de 44% a 36%). En otros sondeos, como el de IPSOS de octubre, se advierte que también el descenso de la aprobación del Poder Judicial y de Keiko Fujimori.
5.- Vuelve la desconfianza. A los 100 días del inicio del gobierno de PPK ha retornado la desconfianza en el sistema político. Los datos que muestran un deterioro inicial de las percepciones sobre el gobierno y que revelan una crisis abierta por los casos Moreno y Las Bambas y este dato cambia esencialmente el balance de los 100 días de PPK, no para negar lo evidente sino para obligarnos a pasar de la epidermis. Los 100 días de PPK son los 100 del Congreso y del Perú pos electoral. Al fin y al cabo, son los 100 de todos, aunque duela.
6.- El principal logro de los 100 días es el logro de un esquema de gobernabilidad compartida con el Congreso. Esta una suerte de consenso a palos que a pesar de las tensiones diluye por ahora la posibilidad de un escenario de bloqueo y de vetos del Parlamento al Gobierno. El que ha ganado más con este esquema es el Gobierno pero el fujimorismo, aunque en menor medida no deja de ganar porque aparte del camino escogido no tenía otro. Asumir las otras opciones habría sido un suicidio aunque este esquema se dirija luego del caso Moreno a una dualidad que varios relativizábamos hace cuatro meses.
Esta gobernabilidad compartida no tiene la misma recepción en la sociedad. Desde el inicio del gobierno se aprecia una narrativa unitarista de los ciudadanos que se volcaron en absoluta mayoría a favor de que el Congreso le otorgue el voto de confianza al Gabinete Zavala y le otorgue las facultades legislativas. No hay duda que en poco o mucho, el incremento de la aprobación del Congreso y de su presidenta está relacionada a la respuesta positiva ante este reclamo.
El cuestionamiento de ese consenso tácito tiene en la narrativa empresarial más exigente, el pedido de convertirse en un pacto de cogobierno, aunque es criticado también por una parte de la élite, con el argumento de que el gobierno está entregando demasiado o que una probable alianza le hace perder al Gobierno perfil y perspectiva. Esta percepción se ve impulsada por decisiones como la designación de José Chlimper y de Rafael Rey al Congreso, u otras anteriores. En una parte del establishment no existe esa narrativa unitarista.
7.- Por lo señalado, un balance de los 100 días de PPK no puede basarse en la separación al gobierno de la oposición parlamentaria, o en el análisis de los sectores para determinar aciertos y errores. No cabe duda que el Gobierno ha hecho algunas cosas bien y otras mal, al igual que el Congreso, pero el saldo del balance no puede ser la mirada convencional de un escenario que no existe.
La narrativa unitarista está llegando a su fin, La desconfianza se está convirtiendo en el signo dominante de la política. Los técnicos de PPK sufren de un déficit de política y los políticos del Parlamento. El país ya no quiere los pactos para conservar sino para cambiar. Es la otra cara de la gobernabilidad compartida.

sábado, 2 de julio de 2016

Seis resultados electorales inéditos

http://larepublica.pe/impresa/opinion/779669-seis-resultados-electorales-inéditos
La República
La mitadmasuno
24 de junio de 2016
Juan De la Puente
Una campaña electoral está hecha de grandes y pequeños actos y procesos. No todos son decisivos, pero se eslabonan y catalizan en grandes resultados. Anotarlo es conveniente porque la victoria de Pedro Pablo Kuczynski (PPK) es explicada desde un solo fenómeno o a lo sumo dos, el antifujimorismo y el caso Ramírez/Chlimper.
Tengamos cuidado con las explicaciones monocausales. En el análisis político abusar de la agregación o desagregación lleva a dejar caer razones cruciales; la idea de que los hechos políticos “se producen” y no solo “acontecen” no es un capricho semántico.
Hay que pelar la cebolla. El Perú acaba de pasar una pequeña gran revolución; en apenas ocho meses ha terminado de morir un viejo sistema político nacido hace 35 años con las elecciones de 1980 y que, herido, se restauró el año 2000 luego de la caída de Alberto Fujimori. Al sistema de 1980 lo han matado millones de votos y una política emergente, un tipo no clásico de hacer la política que instauró Fujimori en 1992, la antipolítica.
Este es el momento más feliz de esa antipolítica, aunque algunos académicos han buceado bastante para entregarnos una imagen distinta, idealizando una épica entre el fujimorismo, una formación grande, organizada y compacta, y el resto de grupos precarios. La forma como acabaron las dos vueltas electorales indican que la precariedad es común a todos y que lo que tuvimos ante nosotros fueron grandes movimientos y/o coaliciones sociales más que formaciones partidarias, en una elección azarosa donde la casualidad ha ido de la mano con la racionalidad.
Con su victoria total, la antipolítica podría haber llegado a su límite y carecer de fuerza para definir las reglas de una gobernabilidad marcada por los vacíos. Si se recomienda estudiar fenómenos, sugeriría partir de uno: durante las elecciones la crisis de la política se ha expresado a través de varias identidades “antis” –no solo una– poderosas y en algunos casos convergentes, ineludibles de cara al futuro. Antifujimorismo, antiizquierdismo, antialanismo, antisistema, antielitismo, anticorrupción, anticentralismo, antiprivatismo, antiestatismo son expresiones que en distinta identidad han definido la micropolítica electoral y la macropolítica, la de la gran escena.
En ese contexto, una épica antifujimorista permitió la irrupción del Frente Amplio, y otra épica antiizquierdista impidió que este pasara a la segunda vuelta. Una tercera épica que podría rotularse como democrática/antifujimorista (en ese orden) impulsó a PPK a ganar la elección en una pasajera polarización electoral.
No existe en el escenario una política programática y afirmativa sino una política contestataria. El reto hacia el 2021 no es incrementar los antis sino desarrollar las identidades. Curiosamente, ese es el desafío de la derecha y de la izquierda, aunque la identidad populista en su sentido más amplio es la principal tentación en ambas.
El resultado electoral deja un cuadro de efectos nuevos. Sabemos lo que está muriendo pero no lo que está naciendo. Son tiempos inéditos: 1) Nunca, en las cinco veces en las que se llevó a cabo segundas vueltas electorales, el candidato que obtuvo poco más de 20% de votos válidos en la primera vuelta había derrotado a quien obtuvo el 40%; 2) Nunca antes, la izquierda había sido tan decisiva para que una facción de la derecha le ganara a otra facción de la derecha; 3) Nunca antes, los herederos políticos de un golpe de Estado estuvieron 24 años después de ese hecho a las puertas de recuperar el gobierno por la vía democrática; 4) Desde hace 60 años, cuando se eligió a Manuel Prado, un candidato orgánico del mundo financiero no había ganado unas elecciones; 5) Desde ese año, las elecciones construyeron mayorías políticas, a excepción de la de 1963 (Fernando Belaunde) y del reciente proceso electoral; y 6) Nunca antes, el grupo que perdió las elecciones se había quedado con el 56% de los escaños parlamentarios, más allá de la mayoría absoluta, y el grupo ganador solo con el 13% del Congreso.

El país de las tres mitades

http://larepublica.pe/impresa/opinion/775597-el-pais-de-las-tres-mitades
La República
La mitadmasuno
10 d junio de 2016
Juan De la Puente
La división electoral del Perú en dos es una realidad. Toda segunda vuelta tiene ese efecto pero la reciente fue especial porque partió al electorado en dos mitades casi exactas y desafiantes. Keiko avanzó poco desde el 40% obtenido en la primera vuelta y PPK lo hizo en una mayor medida, desde el 22% alcanzado el 10 de abril. A ello se debe que la mitad vencedora sea más heterogénea que la que perdió.
Luego de las elecciones, el hecho es que las dos mitades no son enteramente dueñas de los votos alcanzados. La división electoral ha sido transitoria considerando el abismo de representación y puede ser engañosa a la hora de la búsqueda de la gobernabilidad. Visto el proceso en su conjunto, la división electoral ha dado paso a la división política que es la que contará en adelante, es decir, un país dividido en tres mitades (con el perdón de Pitágoras y Euclides): 1) la que ha ganado; 2) la que ha perdido; y 3) la que expresa los intereses de otros ámbitos del Estado, los otros grupos políticos y las expectativas sociales vastas y heterogéneas en juego, expuestas en brechas sociales, territoriales y generacionales, cuya magnitud se empieza a estudiar.
Seria inexacto afirmar que las candidaturas de PPK y Keiko no representaron una parte de esas expectativas, pero sería igualmente equívoco sostener que esa representación fue total y que entre ambos grupos cierran con candado la gobernabilidad. Una visión tan absoluta no consideraría el inédito escenario electoral, la cobertura de ambas formaciones, la escasez de sus militancias, la atípica elaboración de las listas parlamentarias, el clientelismo en la campaña y el decisivo peso de las contracampañas.
Repartirse la gobernabilidad entre las primeras dos mitades obviando a la tercera sería muy riesgoso. La viabilidad de los pesos y contrapesos elegidos no está garantizada en un país que ha perdido músculo institucional y donde todos los grandes conflictos sociales han terminado en capitulaciones del Estado. Un consenso arriba/arriba sin mirar a la sociedad sería una ofrenda a la crisis de representación.
Lo que el país tiene al frente es una nueva transición o la promesa de ella, ya no la que operó el 2001 desde el autoritarismo a la democracia –cancelada bruscamente por Humala– sino desde la precariedad hacia la institucionalidad, aunque la que pueda recobrarse sea mínima. Ese es el sentido de las reformas que entraron por la ventana al proceso electoral, ausentes en los iniciales planes de gobierno.
El modelo de gobernabilidad no podrá prescindir del juego gobierno-oposición y de allí que los llamados a hacer un “gobierno de hermanos” o un “gobierno de primos” integrando al fujimorismo al gabinete tienen pocas probabilidades de éxito.
En este modelo caben en cambio otras figuras del diálogo político sobre el que ya se refirió PPK. La primera es el pacto nacional sobre cuatro o cinco grandes temas de la agenda pública (acaso seguridad, crecimiento, corrupción, desarrollo sostenible y descentralización) planteados de cara al país y discutidos ante él, y que involucre a todo el arco partidario parlamentario, a los otros ámbitos del Estado y a la sociedad civil. Por ejemplo, un acuerdo por la seguridad no puede prescindir del P. Judicial y del Ministerio Público, en tanto que el relanzamiento de la descentralización no puede alcanzarse sin los gobiernos locales y regionales. El espacio ideal para procesar este pacto arriba/arriba/abajo es el Acuerdo Nacional.
El Perú necesita un pacto republicano, un acuerdo que incluya líneas rojas que no deben ser cruzadas y es lo mínimo que se les puede pedir a los grupos que perdieron las elecciones sin que esto signifique que renuncien a su papel opositor al que tienen derecho. Un pacto nacional no le impedirá al nuevo gobierno intentar luego acuerdos específicos con la fuerza mayoritaria en el Congreso o integrar al gobierno a grupos que desean asumir posiciones en el gabinete.

sábado, 4 de junio de 2016

Hey tú, vota y cállate

http://larepublica.pe/impresa/opinion/771129-hey-tu-vota-y-cállate
La República
La mitadmasuno
27 de mayo de 2016
Juan De la Puente
Desde el sectarismo conservador o desde la ignorancia se ha cuestionado el apoyo crítico de organizaciones sociales y de grupos progresistas a Pedro Pablo Kuczynski (PPK), con el argumento de una supuesta inconsecuencia. Se critica el apoyo de la izquierda a una formación de derecha o que este respaldo guarde reservas porque, se dice, es insuficiente y potencialmente desleal.
La verdad es que PPK y Keiko Fujimori desde el 10 de abril son objeto de apoyos críticos, un poco más el primero que la segunda. Es más, no se entiende la 2ª vuelta como mecanismo para la formación del poder si no se acepta que quienes se resistieron a votar por dos de los candidatos en la 1ª vuelta se avengan a hacerlo en la 2ª porque sus alternativas se han estrechado. La confirmación de la vigencia del voto crítico está encerrada en la frase “en la segunda vuelta no se vota a favor sino en contra”.
El voto crítico es una adhesión reticente en la que se equilibran el apoyo y la desconfianza, una forma del llamado “mal menor”, como lo ha recordado A. Álvarez Rodrich en este diario. Es una dinámica que le cuesta entender al pensamiento ultra, un procedimiento que asume la cultura democrática para la formación de mayorías y la superación de la fragmentación. No es inocente, lo que no significa que sea traidora porque al mismo tiempo es una táctica legítima que refleja una apreciación de los desafíos, adversarios y objetivos inmediatos y mediatos. Por eso, el apoyo crítico está emparentado con otras formas de tratamiento de los retos del binomio fuerza/consenso en la lucha por el poder como la oposición constructiva, el consenso a palos, la cohabitación y el compromiso histórico.
La crítica al voto crítico es poco informada. Desconoce que es un hecho común de la política peruana. Luego de dos períodos de mayorías parlamentarias sólidas –democrática en los años 80 y autoritaria en los 90– los últimos 15 años tuvimos mayorías precarias o relativas solo logradas gracias al apoyo crítico. La investidura de 17 gabinetes entre los años 2000-2015 se debe al concurso alternativo y en cada momento de todas las fuerzas del arco político peruano, desde el fujimorismo hasta la izquierda.
Vamos, ningún grupo que ha hecho política en estos 15 años puede afirmar que nunca votó críticamente o con reservas por alguna propuesta, desde gabinetes, leyes, delegaciones de facultades legislativas, hasta tratados de libre comercio, paquetes reactivadores, mesas directivas del Congreso, y un largo etcétera.
El rechazo al voto crítico resume una visión antidemocrática y la exigencia del acuerdo o desacuerdo completo, la cultura blanco/negro sin matices y grises, el si no estás conmigo 100% estás en contra, también 100%. Un llamado al vota y cállate o al vota por mí en silencio, sin preguntas, una suerte de fascismo electoral. La hipocresía proviene de quienes ya no recuerdan que llamaron a votar por Toledo, Alan, Keiko o Humala “tapándose la nariz” en las segundas vueltas de los años 2001, 2006 y 2011.
Los pactos mundiales, regionales y nacionales no se habrían logrado sin acuerdos con reservas o aceptaciones críticas. En nuestro caso, quienes organizamos el Acuerdo Nacional hace 14 años echamos mano de mecanismos como el acuerdo con reserva, el disenso silencioso y la aprobación de lo central pero no de lo accesorio. El resultado fue el consenso político más vasto de las últimas décadas. Dato añadido, el 2011, Keiko Fujimori y Ollanta Humala suscribieron el Acuerdo Nacional; con reservas y espíritu crítico.
En la presente coyuntura, el voto crítico refleja expectativas, certezas, dudas, y el mensaje inequívoco de que los votos que obtienen los candidatos no son enteramente propios. Es un voto de aviso, un llamado al control y un adelanto de la vigilancia. Sobre todo, es un acto de independencia y de no sumisión. Nada más libre que un voto crítico.

J. Ramírez y la política plutocrática

http://larepublica.pe/impresa/opinion/768981-j-ramirez-y-la-politica-plutocrática
La República
La mitadmasuno
20 de mayo de 2016
Juan De la Puente
En 15 días se sabrá cuánto afectó, si lo hizo, el estallido del caso de Joaquín Ramírez (JR) a la candidatura de Keiko Fujimori. Por lo pronto, su salida de la alta dirigencia de Fuerza Popular es una pequeña victoria del sector del país que pugna por una relación armoniosa entre el dinero y la política, y entre el poder y la transparencia.
Es de suma utilidad examinar los entresijos de la presencia de JR en la más alta ubicación del partido fujimorista. Para la elaboración de un relato sobre este azaroso caso importan ahora más el ascenso y auge que la caída del personaje.
Ramírez no expresa la épica fujimorista de los últimos 15 años, o no lo expresa en el nivel que representan, por ejemplo, Luz Salgado, Martha Chávez o Martha Moyano; tampoco resume al nuevo sujeto social fujimorista menos comprometido con la defensa del estado de cosas de los años noventa, pero interesado en los asuntos públicos.
Su poder no viene de la organización, de la doctrina o del programa. Es evidente que viene del dinero, es decir, de su capacidad de trasladar al partido sus recursos financieros. Esta condición para el ejercicio del poder es una de las variantes de la “plutocracia”, un término griego que tiene la misma edad que “democracia”, recreado hace años por el novelista portugués y universal José Saramago cuando dijo en Buenos Aires: “Vivimos en una plutocracia, un gobierno de los ricos, cuando estos, proporcionalmente al lugar que ocupan en sociedad deberían estar representados por una minoría en el poder”.
Hay sistemas más plutocráticos que otros. El nuestro es uno de los más extremadamente plutocráticos. No me refiero al natural deseo de los empresarios de hacer política a razón de lo cual han ingresado al Congreso un buen grupo de ellos, como que varios empresarios fueron elegidos alcaldes y gobernadores regionales, con notables resultados. Es el caso en el mismo fujimorismo por ejemplo del gobernador de Ica, Fernando Cilloniz, o de José Chlimper, cuyo papel es político, orgánico y de representación pública.
El de JR no es el único pero es el caso de ejercicio del poder desde el dinero, con el dinero, y con poca política y muchos recursos financieros; es la captura de un colectivo partidario con el único atributo del dinero. Se aprecia en este proceso un cambio respecto de las ya conocidas coaliciones distributivas que atenazan a gobiernos y políticos: del pacto entre políticos y financistas, subordinados los segundos a los primeros, se ha pasado a una alianza de iguales entre el dinero y la política. La difícil decisión de apartar a Ramírez del segundo cargo de importancia de Fuerza Popular resume la naturaleza de esta alianza, ajena a las convenciones.
Incluso en la hipótesis que se desvirtuaran las acusaciones contra JR, el suyo es un caso típico de infiltración del dinero en la política. ¿Es malo? Sí. La democracia en su acepción moderna puede ser de derechas o izquierdas, populista o programática, elitista o de masas, pero está obligada sobre todo a ser principista y meritocrática. El teórico liberal Robert Dahl sostenía que los ciudadanos deben tener igualdad de oportunidades para hacer realidad sus preferencias o pugnar por ellas públicamente entre sus partidarios, el gobierno y la sociedad.
La receta contra esta infiltración reside en la reconstrucción aun así sea mínima de reglas partidarias que igualen en lo posible las oportunidades de lo que tienen mucho y los que no tienen nada. Esto pasa por reconocer la precariedad de todas las formaciones políticas abandonando la contemplación de alguna de ellas como aparatos partidarios y de masas que cobijan grandes proyectos de país. Mentira, la debilidad de proyectos que muestra todos los días este proceso electoral es hermano y aliado de la precariedad de sus expresiones políticas. Es imposible, aun en nuestro país de inéditas experiencias, que un vigoroso movimiento para transformar o conservar conviva con un grupo político precario.

Reforma política sin cambio político

http://larepublica.pe/impresa/opinion/767058-reforma-politica-sin-cambio-político
La República
La mitadnasuno
13 de mayo de 2016
Juan De la Puente
La palabra más importante de la campaña electoral es continuidad. Esto no significa que el cambio esté ausente en las propuestas en lisa; sucede que los planteamientos innovadores se acotan a los cómo y muy escasamente a los qué. A diferencia de las elecciones de los años 2001, 2006 y 2011, los resultados del 10 de abril hacen de la estabilidad un discurso tácito, de modo que se predica el futuro pero no necesariamente el cambio.
No estamos consumiendo grandes recetas de Estado y en tanto el espacio público se achica. Lo que tenemos es una agenda frondosa versus un espacio público enano. Esta agenda está hegemonizada por tres elementos contradictorios: 1) el reclamo de logros rápidos contra el delito, congruente con varias intensidades de mano dura en seguridad; 2) la exigencia de transparencia y eficiencia pública y, al mismo tiempo, una alta tolerancia social frente a la corrupción; y 3) la necesidad de una reforma política, a secas.
Estas expectativas cruzadas resumen la coyuntura crítica de un país que no está polarizado sino fragmentado. En esta agenda, la parte más incómoda es la reforma política, un tema infiltrado. La mayoría de políticos y de medios hablaron de ella solo luego de la desastrosa ley de la exclusión de candidatos expedida cuando el proceso electoral estaba en marcha.
El único consenso alcanzado es que los problemas del sistema se deben a la ausencia de reformas; luego de esto, el callejón oscuro que será patente luego del 28 de julio porque o no hay reforma de calado aceptada por todos los actores, o existe consenso sobre el problema pero no sobre la solución.
Identifico hasta cuatro esquemas de entrada a las reformas. El esquema I hace énfasis en la modernización de los servicios y del mercado, una especie de reforma de 1ª generación y ½, a tono con el Decálogo de Gaebler/Osborne, de gobierno empresarial (expuesto en el famoso libro La reinvención del gobierno), acercando los servicios a los ciudadanos, recortando trámites, cambiando los  controles por los resultados y formalizando la economía. El cambio de fondo en ese esquema es la creación de nuevos ministerios.
El esquema II es en parte coincidente con el formato de reformas de 2ª generación resumido para el Perú por Moisés Naim en su última visita, es decir reforma judicial profunda, servicio civil, diversificar la economía, atajar la corrupción, mejorar calidad de la educación y actualización de las capacidades regulatorias públicas, entre otras. Este esquema está perdiendo peso aceleradamente a causa de las ofertas populistas en la segunda vuelta.
El tipo III es una reforma institucionalista mínima que propone reinstalar la bicameralidad, flexibilizar el mandato parlamentario individual y fortalecer las bancadas, eliminar el voto preferencial, establecer la segunda vuelta parlamentaria, aumentar la capacidad reguladora pública en los sectores financiero, salud, educación, renegociar los contratos extractivos y reducir el peso del MEF para fortalecer los entes rectores sectoriales.
El esquema IV es una reforma institucionalista máxima que propone cambios legales y constitucionales en cantidad y calidad para incorporar nuevos derechos, la elección paritaria en los cargos sujetos a sufragio, la muerte civil de los corruptos, el control de fusiones y adquisiciones, la revisión de los acuerdos comerciales lesivos, la promoción firme del crédito desde del Estado, el aumento de la presión tributaria, la reforma pensionaria y la universalización de derechos, entre otros.
Entre estos esquemas existen vasos comunicantes pero sobresalen las diferencias que remiten a opciones distintas de Estado y economía. El desafío de reforma política sin cambio político es inédito y no muy esperanzador, y por esa razón los primeros esfuerzos tendrían que venir desde la sociedad en una forma de diálogo político y social que deberá ser reinventado.

miércoles, 1 de junio de 2016

Dos antis en campaña, no asustarse. A cuatro días de las elecciones. Parte electoral N° 1

Por Juan De la Puente
La campaña para la segunda vuelta electoral llega a su fin con grandes transformaciones, demasiadas para las ocho semanas que median entre el 10 de abril y el 5 de junio. Las más importantes son: 1) la confirmación que las opciones de gobierno que ofrecen Keiko y PPK son distintas, diferentes y en varios aspectos divergentes; 2) la persistencia de dos grandes movilizadores electorales, el antifujimorismo y el dilema abajo/arriba; y 3) el estrechamiento de la agenda final que deja casi solas dos ideas fuerza en el escenario, mano dura vs democracia y libertades.
Los que creían que había ganado el modelo y que los dos candidatos eran gemelos políticos y que harían un gobierno de hermanos, se equivocaron. Con suerte habrá un gobierno de primos. En pocas semanas, se dibujaron las opciones de un gobierno tecnocrático desarrollista (PPK) y populista desarrollista (Keiko).
Hay más diferencias: ambos proponen más Estado pero Keiko más Estado abajo y PPK más institucionalidad arriba; Keiko se cierra a los “nuevos” derechos y pacta con una parte de grupos regresivos e ilegales, en tanto PPK cruza sus líneas rojas tradicionales y se lanza a la prédica de la transparencia pública.
El 11 de abril solo se tenía un movilizador electoral potente, el antifujimorismo que llevó a PPK del 22% de votos al 52%. El fujimorismo tentó varios y finalmente encontró su antídoto, el dilema abajo/arriba. A diferencia del 2011 donde Keiko era arriba y Humala abajo, ahora ella es abajo y PPK el de arriba, el de las grandes empresas, el del escritorio que no conoce el Perú. Así, como en 1990 Alberto Fujimori contra MVLL, esta vez el fujimorismo “vargaslloseó” a PPK.
Es el primer hecho que cambió el cariz de las encuestas, aunque quedan para PPK el pueblo del sur -con mucho D y E- donde todavía es mayoría, pero le ha servido a Keiko para atacar los conos de Lima y el centro del país, este último bastión donde ha recuperado puntos.
Como no podía ser de otro modo en una segunda vuelta, son dos antis en campaña. No asustarse.
Antes del debate de Piura, pero con más vigor desde Piura y el debate de Lima, se ha marcado un especial fin de campaña que estrecha la discusión a dos grandes mensajes muy poderosos a pocos días de la votación. El de Keiko es la mano dura contra el delito, los estados de emergencia, las FFAA a la lucha contra la delincuencia y todo el discurso de “no me temblará la mano”. El de PPK es la democracia y las libertades, la transparencia pública, la lucha contra la corrupción y la amenaza del retorno del pasado y la implantación de un narco-Estado.
Vistas las cosas, es el viejo dilema resumido por Jorge Basadre como un déficit de la república, la elección entre orden vs libertad, que en otros país no debería ser una disyuntiva. En este episodio, no son dos alternativas redondas sino con rendijas y grandes huecos, de modo que en algunos temas la mano dura es mano blanda y la defensa de los derechos se relativiza.
Así se llega al 5 de junio, con Keiko liderando las encuestas y con un teflón considerable, aunque habría que medir aún el efecto del caso Chlimper. PPK ha tenido un envión a su candidatura desde el debate del 28 de mayo aunque no se sabe si será suficiente. La verdad es otra y no le atañe a él -no eres tú, soy yo le dirían los peruanos- y se refiere a la pregunta sobre si el antifujimorismo del 2016 será como el año 2011 suficiente para derrotar a Keiko. Eso se sabrá el 5 de junio.

domingo, 22 de mayo de 2016

Dos paradigmas de gobierno, dos discursos, dos imágenes. Análisis del debate presidencial de Piura

Por Juan De la Puente
1.- Difícil señalar un ganador de un debate presidencial en el que los candidatos han evitado las grandes ideas diferenciadoras. Aun así, el debate ha servido para confirmar lo que las últimas semanas han mostrado, es decir, a contrapelo de lo que se decía el 11 de abril, que existen entre ambos diferencias en lo político y en el modelo de gobierno (o de gobernabilidad) por el que pugnan, a pesar de que ambos se ubican a la derecha del tablero.
2.- El debate ha mostrados dos paradigmas; por un lado, Pedro Pablo Kuczynski (PPK) resumiendo la idea de un gobierno técnico-desarrollista, y por el otro Keiko Fujimori proyectando un gobierno popular-desarrollista. En ambos casos se ha dejado notar la ausencia de iniciativas para grandes reformas, ya no del mercado sino de las instituciones, y en cambio se advirtió en ambos una persistente visión continuista de casi en todo, con toques y retoques en búsqueda de la eficiencia.
3.- También se apreció lo que los 40 días de campaña para la segunda vuelta ya habían insinuado: dos discursos cada vez más alejados entre sí: el de PPK tecnocrático moralizador, y el de Keiko populista y en algún momento anti establishment. En este punto colisionaron las dos estrategias y leit motiv de la campaña: el antifujimorismo de PPK y lo que ello implica ahora (el recuerdo de Alberto Fujimori, Montesinos, Joaquín Ramírez, la corrupción y el riesgo de un narco estado); y el anti elitismo de Kieko quiense afirmó como la candidata de abajo, que conoce el Perú y que está más cerca de la gente. La bandera de lo popular en sus manos es una victoria de su campaña sea cual fuese el resultado.
4.- A falta de grandes ideas, se han terminado de imponer compactamente las dos imágenes que han dado la vuelta en mítines y presentaciones públicas de ambos candidatos. Keiko con una mayor voluntad política, audaz, a la ofensiva y con un poco menos de ideas; y PPK a la defensiva, con un ritmo menos dinámico en la exposición de sus mensajes aunque con más contenidos. La síntesis de esta diferencia es la de Keiko con un mayor dinamismo que PPK para el debate cuerpo a cuerpo, más agresiva y en momentos incluso irritada.
5.- No me llevo del debate ninguna frase memorable o giro dramático que modifique la campaña, como lo fue la hoja de ruta que firmó Keiko el debate del 3 de abril. Ambos fueron muy conservadores en ideas y no se salieron del libreto de su plan de gobierno. Ninguna frase para el recuerdo.
6.- Keiko arriesgó más políticamente y por eso le fue bien en el primer bloque (visión de país), en el último de la despedida y en el quinto bloque (infraestructura) donde a pesar de que PPK mostró más solvencia, fue encajonado por Keiko en los asuntos de los contratos del gas y otros. En cambio, en los bloques donde Keiko abusó de las puyas y críticas y descuidó las ofertas, le fue mejor a PPK, como en el segundo bloque (descentralización), en el tercero (competitividad) y en el cuarto (conflictividad). La idea de permanente confrontación no le ayudó mucho a la candidata de Fuerza Popular ante un PPK que eligió un talante más contemporizador, salvo en el caso en que mostró que Joaquín Ramírez seguía siendo Secretario General de Fuerza Popular. Keiko pudo rebajar ese temperamento agresivo, considerando los 5 puntos de ventaja que le lleva a PPK según la encuesta de Ipsos divulgada poco antes del debate. Además, salvo en la mención del viaje de PPK por 8 días a EEUU, en el resto de puyazos no le fue bien o empató con PPK.
7.- Así, el debate sirvió para diferenciar paradigmas, discursos e imágenes, proyectando un continuo de PPK defensivo, técnico, menos dinámico y con más contenidos, vs un continuo de Keiko más decidida, política, populista, con menos ideas.

lunes, 9 de mayo de 2016

Keiko toma Lima por asalto. Análisis de la encuesta de Ipsos del 8.5.2016

Por Juan De la Puente
La reciente encuesta de Ipsos modifica las urgencias de la campaña electoral. PPK con 39%, una caída de 4 puntos respecto de la medición anterior, pasa a ser un candidato acosado por mejores resultados. Keiko, que obtiene 42%, tres más que en la medición anterior como efecto de una campaña más dinámica y política, tendrá más comodidad para sumar votos. La encuesta vuelve a poner sobre la mesa el reclamo a Acción Popular, Frente Amplio y Democracia Directa sobre un apoyo explícito a PPK, en tanto se evidencia que las polémicas alianzas sociales de Keiko son hasta ahora eficaces.
1.- Keiko ha asaltado Lima, en las narices de PPK y en solo dos semanas: ha volteado allí el partido. Ha subido en la capital 7 puntos en intención de voto (de 40% a 47%) en tanto PPK ha caído allí mismo 6 puntos (de 46% a 40%).
Ninguna encuesta explica con absoluta veracidad el porqué de subidas y bajadas; no obstante, deja pistas. El anterior sondeo de Ipsos (24/25 de abril) ya relativizaba la idea de que todo estaba dicho en Lima, y añadía que la elección se definiría en el centro y sur del país, y en el Perú rural. Ese sondeo mostró un pequeño sismo en los sectores A y B en los que PPK bajaba pero que compensaba con un aumento en el centro, mientras que Keiko ratificaba su mayoría el norte.
Los datos de esa encuesta indicaban que en el sur ambos “desacumulaban” y que por lo menos 4 millones de votos estaban a la espera de definiciones, de los cuales 1 millón se localizaba en Lima y otro millón en el sur del país, y que otros territorios de batalla eran los  sectores D y E. Esa disputa reclamaba definiciones más precisas de los líderes políticos, sectores sociales, empresariales y medios. Los votos habían llegado solos hasta ahí y los que aún no se definían necesitarían de orientación más expresa.
2.- A tenor de los nuevos resultados, en Lima se han producido tales orientaciones expresas. Keiko ha atacado los conos con recurrentes actos electorales y ha tejido acuerdos sociales, que siendo polémicos y hasta regresivos (el 24x24 para la familia policial, el seguro para los mototaxistas y la adhesión al credo ultra-evangélico) han dado frutos.
La candidata de Fuerza Popular se ha frenado en los sectores D y E pero ha subido 15 puntos las clases medias (en B de 26% a 35% y en C de 34% a 40%). También ha mejorado entre los jóvenes, donde ha subido 5 puntos (de 34% a 39%). Por su parte, PPK subió en el sector A (de 64% a 69%) pero cayó 11 puntos en las clases medias (en B de 61% a 55% y en C de 48% a 43%), y ligeramente en D y E, y en los jóvenes (de 49%  a 45%).
3.- Se trata de subidas uniformes de Keiko vs bajadas igualmente uniformes de PPK. En este punto es importante dilucidar los motivos. Es cierto que la movilización partidaria es crucial en la campaña y que Keiko tiene una mejor estructura que PPK; sin embargo, gran parte de su escalada en Lima no parece deberse a un gran aparato partidario que algunos analistas dicen haber avistado sino a que el fujimorismo está haciendo más política en las alturas y hablándole al país, sumando votos y tejiendo alianzas. A ello se ha agrega cierta desmovilización del antifujimorismo que tiene como consecuencia la ligera reducción de su antivoto.
4.- Fuerza Popular no necesitó moverse mucho en el sur para que Keiko suba allí 6 puntos claves (de 25% a 31%) mientras PPK cae ahí mismo otros 4 (de 43% a 39%). Es evidente que una parte de sus nuevas adhesiones tienen que ver con el pacto con los mineros ilegales e igualmente con la familia policial y mototaxistas.
En el norte y el centro parece estar decidida la batalla en términos generales -con la salvedad de sus territorios rurales- con predominio del fujimorismo en el norte (PPK ha caído ahí 3 puntos, de 38%  35%) y de PPK en el centro (Keiko ha caído ahí 8 puntos, de 40% a 32%).
5.- La disputa en el sur es dura; entre PPK y Keiko suman 70% (PPK 39% y Keiko 31%) y tienen ante sí un bolsón de otros 30% entre los que no responden, blancos y viciados. En la misma dirección una tendencia que debe ser advertida: mientras Keiko cae solo 2 puntos en el Perú rural (de 42% a 40%), PPK cae 5 puntos (de 40% a 35%).
6.- Los resúmenes sectoriales y territoriales dicen mucho del ritmo de la campaña pero sobre todo de las certezas y miedos de los electores. Keiko trepa en Lima, sube en el sur, en los sectores B y C y entre los jóvenes; pero cae en el centro, se mantiene bajo en el sector A y se frena en D y E. Por su parte, PPK baja en Lima, en el Perú rural, en el norte y sur y en los sectores B, C, D y E, y entre los jóvenes; pero sube en A.
Estos movimientos muestran como hace dos semanas que el conjunto Lima/sur/D-E será decisivo para el resultado final, con Keiko ahora con mejores posibilidades de acumular si se mantiene entre 15 y 20 puntos el porcentaje de los blancos, viciados y no precisa (que ahora es 19%). Solo hay dos maneras de reducir ese porcentaje: 1) más pactos sociales del fujimorismo;  o 2) apoyos políticos partidarios explícitos a PPK y la reactivación del antifujimorismo militante que reduzca a su favor los blancos y viciados.
6.- Las cifras del Ipsos son interesantes respecto de esas posibilidades con una ventaja ligera de Keiko. Entre los que votarán por ella y los que podrían votar por ella suman 49% mientras que las mismas respuestas sobre PPK suman 46%. Estos datos son concurrentes con otros: el 39% cree que en general Keiko es autoritaria y el 45% que cree que en general es demócrata; contra el 28% que cree que PPK es autoritario y el 56% que cree que es demócrata. Ni muy muy ni tan tan, ni PPK aparece muy demócrata ni Keiko muy autoritaria.

viernes, 6 de mayo de 2016

Discurso eufórico y buen gobierno

http://larepublica.pe/impresa/opinion/761912-discurso-euforico-y-buen-gobierno
La República
La mitadmasuno
22 de abril 2016
Juan De la Puente
La euforia por el pase a la segunda vuelta de los dos candidatos que garantizan la vigencia del llamado modelo cede el paso a un problema que encara la nueva mayoría política del país, que consiste en dibujar los ejes de un gobierno que actúe con certidumbre y eficacia, y que concrete la promesa implícita en el giro a la derecha del 10 de abril.
De pronto se descubren realidades que la euforia no permitió apreciar: 1) que los cambios que dominan la agenda pública reclaman más que una mayoría parlamentaria; 2) que no todo saldrá “como por un tubo” considerando la composición de las bancadas y el desarraigo partidario de la mayoría de sus nuevos miembros; 3) que quien gane no podrá hacer un gobierno muy alineado con su programa sino acometiendo concesiones, a sus electores, a la calle y al tercio que votó por la izquierda y el centro; y 4) que el populismo conquista votos y al mismo tiempo es un gen en el ADN nacional, en electores y elegidos, que lejos de ceder se ha fortalecido.
Estas certezas condicionan el discurso de los candidatos en la segunda vuelta. De pronto, los ganadores exteriorizan por lo menos tres nuevas sensaciones: 1) que los perdedores no han perdido tanto como se pensaba; 2) que ambos, Fuerza Popular y Peruanos por el Kambio, no son mellizos o gemelos como creía la parte más bulliciosa de la platea; y 3) que el gobierno que se iniciará el 28 de julio no será de hermanos. Podría ser de primos, pero eso depende del liderazgo de quien salga elegido.
Desde las nuevas certezas asoman dos ofertas de gobernabilidad. El modelo con Keiko Presidenta augura más estabilidad en las instituciones pero más inestabilidad social; en tanto, el modelo de PPK Presidente promete más inestabilidad arriba que abajo.
Las claves de estos modelos son esencialmente el Frente Amplio y Verónika Mendoza. La izquierda ganó en 7 regiones, quedó en segundo lugar en otras 10, y ganó en 68 provincias y en más de 600 distritos. Un cogobierno derecha/izquierda es improbable y en cambio es más probable una izquierda fuertemente opositora, con el hígado y un pie en el Congreso, y con el otro pie y el corazón en la calle, junto a los movimientos sociales.
Un triunfo de Keiko la impulsará a golpes audaces para reducir los efectos de su elección en el país antifujimorista y en la comunidad internacional, en un nivel que podría alejarla más de PPK y de otras fuerzas parlamentarias. El efecto de estos movimientos en la sociedad es imposible de precisar ahora. No olvidemos que los números parlamentarios y la calle no siempre se llevan bien: 15 mil jóvenes en tres marchas en Lima derribaron la Ley Pulpín, pésimamente gestionada por los sabios del MEF, aprobada por una amplia mayoría multipartidaria.
Un triunfo de PPK encajonaría a Keiko que tiene tres opciones en la perspectiva del 2021: 1) convertir al gobierno PPK en un protectorado del Congreso, filtrando el oxígeno al Ejecutivo; 2) Realizar una dura oposición con marcados tonos populistas; y 3) atreverse a un cogobierno, aunque sea a palos.
El 10 de abril nos han entregado certezas macro y entre ellas no solo el triunfo de la derecha sino el surgimiento de una plataforma política nueva para la oposición. El jaque mate electoral de la primera vuelta y lo que resulte de la segunda indicarán que el juego de 15 años ha terminado y que deben ponerse las fichas nuevamente en el tablero.
No se encuentra en discusión el cambio de régimen político por la nueva mayoría del 10 de abril sino los alcances y límites de un nuevo gobierno. Este es el momento más feliz de la antipolítica pero pasada la euforia ella está en la obligación de entregarle al país una nueva gobernabilidad reformista que no polarice una sociedad con agendas cruzadas y que responda a un humor impaciente del que ya fueron víctimas los tres gobiernos precedentes. Es paradójico, la antipolítica está condenada a hacer política.